Se quedó paralizada manteniendo
la mirada a su “otro yo”, al reflejo del espejo. Mientras la mueca de su cara
era totalmente de pánico, la imagen que devolvía el espejo era de ella misma
sonriente y pícara.
Se quedó sentada enfrente del
espejo, y el reflejo se sentó también.
Al cabo de un minuto la sonrisa
del rostro en el espejo se borró para dar paso a una siniestra mueca. Se acercó
a gatas hasta Olivia, que no podía ni
moverse del horror que sentía.
Salió del espejo, y la cara del ser quedó justo enfrente de la
de ella sin poder ésta mover un solo músculo. Le acarició cada centímetro del
contorno de su cara y posó sus labios en los de ella.
Ella misma estaba siendo besada
apasionadamente por su “otro yo”, por ese ser celoso que habitaba en el espejo.
Su energías se fundían, y cuanto más apasionado era el beso más costaba
distinguir un cuerpo del otro. Se estaban volviendo una. Era un abrazo fuerte,
el ser la tenía atrapada entre sus piernas mientras cogía su cara entre las
manos y a Olivia no le quedó más remedio que rendirse ante la situación.
Perdió la conciencia durante unos
segundos.
Cuando despertó se encontraba
exhausta, sentada donde se había quedado. Miraba su reflejo con desconfianza,
pero nada indicaba que pasara algo fuera de lo normal.
Era ella la que se sentía
distinta.
Se notaba más fuerte, más
sensual, más valiente. Notaba también una violencia inexplicable en sus
entrañas, una rabia que no conocía.
Estaba agotada. Se fue para la
cama y durmió más horas seguidas que en toda su vida.
Cuando se levantó se vistió con
calma. Ya no era solo Olivia la que se miraba al espejo. El ser vivía dentro de
ella y haría muchas cosas en ese nuevo cuerpo que había poseído. Convivirían en
armonía por el resto de sus días.