jueves, 1 de mayo de 2014
Sin título
Algo que se me ocurrió esta noche, en uno de mis múltiples despertares.
Me desperté y era de noche. Me quise levantar de la cama, pero unas correas atadas a las muñecas y tobillos me lo impedían.
Intenté mantener la calma, pero enseguida se me empezó a acelerar el pulso, y la respiración. Tiré de ellas para ver hasta donde podía llegar con mis manos, pero apenas pude separarlas de la cama.
Protesté. Maldije.Grité. Pero nadie vino a ayudarme.
Estaba sola en una habitación aséptica, con una minúscula ventana que daba a un muro. La luz de la luna entraba con cuentagotas e iluminaba un poco la cama y la puerta. Había un armario empotrado en la pared, de dos puertas muy pequeño y una mesita separada un poco de la cama.
Al cabo de un rato se abrió la puerta bruscamente. Un hombre alto y corpulento, vestido con uniforme blanco entró con pasos largos sin mirar en ningún momento en mi dirección.
Ojeó un portafolios pasando las hojas deprisa, buscando alguna cosa. Mantenía una expresión neutra.
Volvió a salir y al cabo de un rato entró con un vasito de plástico y se acercó a la cama. Se quedó de pie a mi lado y me miró. Levantó las cejas y con una sonrisa burlona me preguntó:
-¿Vas a darme problemas hoy?. Abre la boca.
Negué con la cabeza sin dejar de mirarle a los ojos. Estaba muy confundida. No recordaba absolutamente nada.
Antes de que pudiese reaccionar me introdujo un par de pastillas en la boca, empujando con los dedos hasta la garganta casi. Me tapó la nariz. Me vino una arcada pero acabé tragandolas.
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