viernes, 25 de noviembre de 2016

El bochorno -2



2-
Todo se había descontrolado. Empezó a sonar la alarma de incendios  y la gente corría por los pasillos.
Bajé las escaleras lo más deprisa que pude, sin mirar atrás. Admito mi cobardía al no volver para ver si al menos mis compañeros estaban bien, pero en ese momento el instinto de supervivencia me controló totalmente. Estaba aterrorizada. La gente chocaba contra mí y me adelantaba por las escaleras. Algunos se caían rodando y los que venían detrás les pisaban.
Las caras de terror, los gritos de auxilio…  en pocos minutos todo se volvió surrealista.
No sé como conseguí llegar hasta las puertas del edificio, pero estaba cerrado. La gente golpeaba los cristales. Observaba todo apoyada en una columna como si no fuera conmigo la cosa. Había policías y ambulancias fuera, pero no parecía que tuvieran intención de abrir.
Empezaron a acordonar la zona alrededor de la entrada. 
Uno de los policías cogió un micrófono y pidió calma, que no intentásemos abrir. Que todo se solucionaría pronto.
Entre el griterío oí la palabra cuarentena. Esto me sacó inmediatamente de mi estado de contemplación.
Pasé entre chicas y chicos sentados en el suelo, llorando. Algunos seguían golpeando frenéticamente las puertas. Muchos estaban hablando por el móvil con sus familiares, explicándoles la situación.

Volví a subir las escaleras, resignada.  Cuando llegué a mi clase sólo estaban allí los enfermos, tendidos en el suelo.  Fui hasta mi sitio para coger mis cosas. Me puse la mochila y llamé a mi compañera. Tenía la cabeza sobre el escritorio. No se movió. Cuando la levanté por los hombros y vi su cara no pude evitar emitir un grito de terror. Estaba muerta. Tenía sangre alrededor de la boca, los ojos y la nariz. La solté sin cuidado y su cabeza sonó al estrellarse contra la mesa. Pasé por detrás de ella, corriendo y me quedé petrificada. Vi a la profesora en pie, mirándome fijamente. También sangraba por la boca y sus ojos se habían vuelto rojos.
Noté movimiento detrás de mí, y al girar mi cabeza vi a mi compañera en pie. No sé como mantuve la calma en ese momento, pero empecé a caminar despacio. Ellas se iban acercando a mí lentamente.
Cuando vi que la profesora se había alejado lo suficiente de la puerta cogí una silla y eché a correr con ella a modo de escudo. Se abalanzó sobre mí y la empujé contra la pared dejándola atrapada entre las patas de la silla. Mi compañera ya había empezado a correr hacia mí. Cerré la puerta pillándole una mano,  una y otra vez hasta que la retiró.
Algo me tocó la espalda, me giré rápidamente y le pegué un codazo en la nariz a otro de mis compañeros.
-¿Qué haces, joder?!!- Me gritó. Parecía completamente normal.
-Corre!!- Le dije. Le cogí de la muñeca y tiré de él.

sábado, 19 de noviembre de 2016

El bochorno 1-


1-
Era un viernes al mediodía.
Hacía un calor horrible en el aula donde se impartía el curso para desempleados. Todos los alumnos parecían somnolientos y nos costaba  pensar, en mi caso al menos.
Mantener los ojos abiertos ya era toda una hazaña para mí, y de un momento a otro se me olvidaba lo que iba a decir. Me era difícil articular palabra.
He de reconocer que sentía cierto alivio al comprobar torpeza  en el resto de mis compañeros. Quien no se confundía al hablar, tropezaba tontamente o si no directamente parecía que se dormía sobre el escritorio.
Estaba tranquila hasta que me di cuenta de que parecían enfermos. Algunos, como yo, no podían mantener los ojos abiertos. Otros se estaban poniendo pálidos y parecía que se fueran a desmayar. Los que más me preocupaban eran los que miraban a la profesora, totalmente desorientados, sin poder hablar. Hacían el movimiento de la boca pero no salía ningún ruido de ella.
Los que estábamos mejor nos mirábamos encogiéndonos de hombros. No sabía que hacer.
La chica que tenía al lado empezó a sudar mucho de repente y murmuraba.
Le sugerí  que pidiera permiso para marcharse a casa pero no me hizo caso. Ni me miró.
Mientras tanto la clase seguía, hasta que la profesora quedó callada de repente. La llevaba escuchando un buen rato sin prestarle atención. La miré y tenía muy mala cara. Se quedó parada con la boca entreabierta. Y sin más le flojearon las rodillas y se desmayó.
Unos compañeros y yo nos acercamos para intentar ayudarla. Me dio muy mala impresión, porque parecía más muerta que viva. Alguien me dijo que fuera a pedir ayuda,  y salí a toda prisa hacia el cuarto de administración del centro. La puerta estaba cerrada y no había nadie dentro. Saqué mi móvil y llamé a emergencias.
Después volví a clase y aquello era un caos. La mitad de los alumnos más la profesora estaban tendidos en el suelo o desvanecidos en las sillas.
Escuché a uno de mis compañeros decir que la profesora no tenía pulso. Empezaron entonces los gritos y los nervios.  Salimos corriendo del aula mientras algunos se quedaban a cuidando de los enfermos.


En la clase de al lado las cosas parecían estar aún peor. La gente corría y gritaba intentando alcanzar la puerta. Alguien me empujó fuera y se cerró la puerta. Por más que lo intentara no se podía abrir.