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Todo se
había descontrolado. Empezó a sonar la alarma de incendios y la gente corría por los pasillos.
Bajé las
escaleras lo más deprisa que pude, sin mirar atrás. Admito mi cobardía al no
volver para ver si al menos mis compañeros estaban bien, pero en ese momento el
instinto de supervivencia me controló totalmente. Estaba aterrorizada. La gente
chocaba contra mí y me adelantaba por las escaleras. Algunos se caían rodando y
los que venían detrás les pisaban.
Las caras de
terror, los gritos de auxilio… en pocos
minutos todo se volvió surrealista.
No sé como
conseguí llegar hasta las puertas del edificio, pero estaba cerrado. La gente
golpeaba los cristales. Observaba todo apoyada en una columna como si no fuera
conmigo la cosa. Había policías y ambulancias fuera, pero no parecía que
tuvieran intención de abrir.
Empezaron a
acordonar la zona alrededor de la entrada.
Uno de los
policías cogió un micrófono y pidió calma, que no intentásemos abrir. Que todo
se solucionaría pronto.
Entre el
griterío oí la palabra cuarentena. Esto me sacó inmediatamente de mi estado de
contemplación.
Pasé entre
chicas y chicos sentados en el suelo, llorando. Algunos seguían golpeando
frenéticamente las puertas. Muchos estaban hablando por el móvil con sus
familiares, explicándoles la situación.
Volví a subir
las escaleras, resignada. Cuando llegué
a mi clase sólo estaban allí los enfermos, tendidos en el suelo. Fui hasta mi sitio para coger mis cosas. Me puse
la mochila y llamé a mi compañera. Tenía la cabeza sobre el escritorio. No se
movió. Cuando la levanté por los hombros y vi su cara no pude evitar emitir un
grito de terror. Estaba muerta. Tenía sangre alrededor de la boca, los ojos y
la nariz. La solté sin cuidado y su cabeza sonó al estrellarse contra la mesa.
Pasé por detrás de ella, corriendo y me quedé petrificada. Vi a la profesora en
pie, mirándome fijamente. También sangraba por la boca y sus ojos se habían
vuelto rojos.
Noté
movimiento detrás de mí, y al girar mi cabeza vi a mi compañera en pie. No sé
como mantuve la calma en ese momento, pero empecé a caminar despacio. Ellas se
iban acercando a mí lentamente.
Cuando vi
que la profesora se había alejado lo suficiente de la puerta cogí una silla y eché
a correr con ella a modo de escudo. Se abalanzó sobre mí y la empujé contra la
pared dejándola atrapada entre las patas de la silla. Mi compañera ya había
empezado a correr hacia mí. Cerré la puerta pillándole una mano, una y otra vez hasta que la retiró.
Algo me tocó
la espalda, me giré rápidamente y le pegué un codazo en la nariz a otro de mis
compañeros.
-¿Qué haces,
joder?!!- Me gritó. Parecía completamente normal.
-Corre!!- Le
dije. Le cogí de la muñeca y tiré de él.