sábado, 19 de noviembre de 2016

El bochorno 1-


1-
Era un viernes al mediodía.
Hacía un calor horrible en el aula donde se impartía el curso para desempleados. Todos los alumnos parecían somnolientos y nos costaba  pensar, en mi caso al menos.
Mantener los ojos abiertos ya era toda una hazaña para mí, y de un momento a otro se me olvidaba lo que iba a decir. Me era difícil articular palabra.
He de reconocer que sentía cierto alivio al comprobar torpeza  en el resto de mis compañeros. Quien no se confundía al hablar, tropezaba tontamente o si no directamente parecía que se dormía sobre el escritorio.
Estaba tranquila hasta que me di cuenta de que parecían enfermos. Algunos, como yo, no podían mantener los ojos abiertos. Otros se estaban poniendo pálidos y parecía que se fueran a desmayar. Los que más me preocupaban eran los que miraban a la profesora, totalmente desorientados, sin poder hablar. Hacían el movimiento de la boca pero no salía ningún ruido de ella.
Los que estábamos mejor nos mirábamos encogiéndonos de hombros. No sabía que hacer.
La chica que tenía al lado empezó a sudar mucho de repente y murmuraba.
Le sugerí  que pidiera permiso para marcharse a casa pero no me hizo caso. Ni me miró.
Mientras tanto la clase seguía, hasta que la profesora quedó callada de repente. La llevaba escuchando un buen rato sin prestarle atención. La miré y tenía muy mala cara. Se quedó parada con la boca entreabierta. Y sin más le flojearon las rodillas y se desmayó.
Unos compañeros y yo nos acercamos para intentar ayudarla. Me dio muy mala impresión, porque parecía más muerta que viva. Alguien me dijo que fuera a pedir ayuda,  y salí a toda prisa hacia el cuarto de administración del centro. La puerta estaba cerrada y no había nadie dentro. Saqué mi móvil y llamé a emergencias.
Después volví a clase y aquello era un caos. La mitad de los alumnos más la profesora estaban tendidos en el suelo o desvanecidos en las sillas.
Escuché a uno de mis compañeros decir que la profesora no tenía pulso. Empezaron entonces los gritos y los nervios.  Salimos corriendo del aula mientras algunos se quedaban a cuidando de los enfermos.


En la clase de al lado las cosas parecían estar aún peor. La gente corría y gritaba intentando alcanzar la puerta. Alguien me empujó fuera y se cerró la puerta. Por más que lo intentara no se podía abrir.

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