Ahí estaba el hombre alto, muy alto, entre familiares y desconocidos.
Éramos muchos haciendo un viaje por carretera en diferentes coches. Algunas personas a veces se iban quedando por el camino.
El hombre muy alto era también muy delgado, y notaba como siempre intentaba estar cerca de mí.
A veces hacíamos paradas en nuestro viaje de vuelta a casa supongo y comíamos todos juntos en la misma mesa. El siempre se ponía cerca..
Los coches seguían su camino sin avisar y cada vez iba quedando menos gente y menos coches. Pero él siempre estaba. Siempre cerca. En un impulso me lancé a sus brazos y le rodeé con los míos. Quería que supiera que apreciaba mucho su presencia.
En algún momento me despisté y yo también fui abandonada en el trayecto. Buscaba a mi familia en una ciudad desconocida. Era de noche. Crucé una vía muy ancha esquivando los coches que venían en ambos sentidos, pero perdí una chancla mientras lo hacía. Tuve que volver a cruzar y acabé recuperándola.
Caminé por las calles y me acerqué a un grupo de jóvenes que estaba charlando enfrente de la iglesia del lugar. Les preguntaba en dónde estábamos y siempre me respondían otra cosa. Hasta que al final parecieron comprenderme y me contestaron.
A lo lejos, en una especie de tienda de souvenirs, veía a mi familia. Fui con ellos, aliviada. Pero también estaba triste porque el hombre alto ya no estaba. Me quedé cerca de ellos para no volver a perderme mientras miraba las cosas que había en la tienda.
De repente sentí a alguien detrás mío. Me di la vuelta y era él. El hombre alto y delgado!. No se había ido sin mí!. Le abracé con fuerza aplastando mi cara contra su pecho. Recuerdo su camisa blanca. Jamás vi su cara. No volví a separarme de él en todo el viaje.
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