miércoles, 13 de agosto de 2014

Sin título IV



Estuve un par de días inconsciente. Cuando me desperté estaba atada a la cama otra vez. Empecé a tirar de los brazos, mover las piernas. Pero nada.
Sentía una mirada sobre mí. Sentada enfrente de mi cama había una chica muy delgada, alta y morena.
-Hermanitaaaa!-se acercó a mí y me abrazó.
Hacía demasiado tiempo que no la veía. Se había ido a trabajar fuera del país hacía un par de años y la habíamos visto muy poco desde entonces.
Me miró de arriba a abajo -Estás hecha una mierda!.
-Muchas gracias-le respondí. Riéndome con ganas, como no lo había hecho desde hacía tiempo.
-Espero que te quiten todo eso ya. Voy a hablar con tu médico. Hoy tienes más visitas. Están esperando fuera.

Al cabo de una media hora apareció la doctora. Me hizo preguntas y me valoró físicamente. Les pidió a los celadores que estaban detrás de ella que me desataran y me ayudasen a levantarme.
-Gracias, ya me ocupo yo.-dijo mi hermana agarrándome por la cintura.
-Bajo tu responsabilidad -le espetó la médica.

Me ayudó a recorrer los pasillos del centro. De vez en cuando se me doblaban las rodillas, pero no paramos ni un momento.
Llegamos por fin al hall, a la entrada del centro. Había una puerta a la izquierda que daba a un jardín precioso. Caminamos hacia allí.
Hacía un día espléndido. El sol brillaba, tal vez demasiado para mis ojos acostumbrados ya a los fluorescentes. Era un día caluroso, por lo que se veía, gente sudada y mangas cortas. Yo tenía un poco de frío.
En una mesa en medio del jardín vi a mis padres, de espaldas había una niña inclinada sobre la mesa (seguro que dibujaba) y mi bebé, correteando alrededor. Aceleré el paso.
Abracé por detrás a mi niña mayor, que se aferró a mi cuello y me llenó de besos.
-Mamá!.- la pequeña vino corriendo hacia mí y se agarró a mis piernas. Me agaché para poder abrazarla también sin tener que levantarla.
Cuando las niñas dejaron de besarme y abrazarme mi padre se acercó, y me puso la mano en el hombro. Me dio un beso en la mejilla.-Estás mejor que la última vez que te vi.
-Sí, aunque la sangre por todas partes tampoco te sienta tan mal.-soltó alegremente mi hermana. Me guió un ojo.
Me quedé perpleja.

-

No hay comentarios:

Publicar un comentario