Esa misma tarde llamó a unas amigas para quedar por la
noche.
Se puso su vestido más sexy y sus zapatos más bonitos. Tardó
un buen rato en peinarse.
Fue a maquillarse al baño, bajo la luz fluorescente, ocultando sus imperfecciones bajo capas de maquillaje.
Cogió el bolso para marcharse a toda prisa, pero no
pudo evitar echarse un último vistazo en el espejo de la entrada. Sonrió
complacida y estuvo tentada de darle un
beso a su reflejo. Se rio de su ocurrencia y cerró la puerta.
A medida que pasaba el tiempo se iba encontrando mejor.
Disfrutaba de lo que le quedaba de vacaciones en compañía de sus amigos por la
ciudad y también de su soledad.
Solía sentarse delante del espejo de la entrada, con una
copa en la mano.
Se miraba de arriba abajo y sonreía mientras llevaba la
bebida a la boca.
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