sábado, 6 de agosto de 2016

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Muchas veces lo hacía en ropa interior. Sentía una misteriosa atracción por ese espejo. Le encantaba mirarse en él y se sentía muy sensual. Abría las piernas y las volvía a cerrar, juntando sus rodillas. Sonreía como si estuviera haciendo travesuras para un amante escondido.
De hecho en esos momentos no se sentía sola.
Cuando estaba mal, se calmaba apoyando su frente en el espejo. Sentía como la ansiedad iba desapareciendo poco a poco. Pasaba muchos minutos, a veces horas allí.
Una de sus últimas noches de vacaciones se preparó un té para tomarlo en el salón viendo la televisión.
Esta vez no reparó en el espejo y atravesó el pasillo. Ese día había estado bastante ocupada fuera de casa.
Cuando dejó el té sobre la mesita escuchó un ruido que provenía del pasillo.Cuando se asomó no vio nada.
Encendió la tele y volvió  a oir un golpe más fuerte. Esta vez caminó por el pasillo para ver qué se había caído.
De repente sintió un mareo muy fuerte y se tuvo que apoyar en lo que más cerca tenía- Sintió calor entre su mano y el cristal. Un calambre recorrió su brazo.
El mareo se le fue pasando y a medida que se iba encontrando mejor iba siendo más fuerte la sensación.
La estaban observando. Miró su reflejo en el espejo, pero esa mirada no era la suya.

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